La vi sólo dos veces, la primera en diligencia formal y la segunda en los pasillos de los tribunales. De la primera experiencia pude concluir que no era necesariamente la mejor abogada. Es más, me atrevo a decir con todo el respeto que debe guardarse hacia las personas muertas, que no siempre era una buena abogada. De la segunda, recuerdo que era una dama que sabía cómo sonreírle a un hombre y decir muchas cosas con una mirada.
Con independencia de eso, sin duda fue una abogada famosa, sobre todo cuando defendía a peligrosos narcotraficantes. Lo era, también, porque defendía a alguno que otro delincuente común involucrado en crímenes de alto impacto, en cuyo caso incluso hacía descuentos en sus honorarios, pues la sola fama obtenida por intervenir en esos asuntos, le redituaba más que cualquier otro emolumento.
Fuera de ahí, era sabido que las habilidades que la hacían una buena abogada, no dependían de su manejo del litigio, o de las estrategias procesales de defensa, sino más bien, dependían de sus capacidades de relacionarse bien con agentes policíacos, ministerios públicos, escribientes, jueces y magistrados. De esas relaciones, y del dinero que a veces las alimentaba, podían obtenerse más fácilmente resoluciones favorables para sus clientes; y como eso es lo que al final importaba a éstos, la calificaban como buena por el fin y no por los medios.
Pero en años recientes las cosas se empezaron a complicar. Nuevas interacciones entre los grupos del narcotráfico y nuevas caras en el lado de los buenos y en el lado de los malos, la relegaron a unos cuantos asuntos y su trato público, a veces excesivamente cercano y cordial con algunas autoridades, la colocaron en posición de desconfianza con quienes antes eran sus clientes. Luego, algunas autoridades trataron de aprovechar ese buen trato para obtener a través de ella mayor información. Así, hubo un tiempo en que unos la seguían para matarla y otros la seguían para detenerla.
Finalmente, hoy con frialdad y con mucha cobardía, los primeros la alcanzaron.
Que descanse en paz. No era la mejor abogada, pero ante todo era una dama que merecía ser tratada como tal y tener un final con mejor suerte.



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