¿Que por qué ya no escribo en este blog?
Simplemente porque a pocos les interesa.
Uno, aquí adentro, escucha de todo. Gente que quiere ser juez, sólo siguiendo la forma. Jóvenes meritorios que aspiran a ser escribientes y que llegan a las diez y se van a las trece. Actuarios que no quieren ser más que eso. Jueces y magistrados hechos a la costumbre de juzgar. Hombres y mujeres cansados y disminuidos por su trabajo.
Aquí uno ve de todo. Gente que asiente pasivamente cualquier situación nefasta. Gente que tiene sueños y aspiraciones de grandeza, a los que renuncia, y que posterga, porque aquí, la hora de trabajo se marca puntualmente sólo en el reloj y es sólo el trabajo lo que cuenta.
Aquí pocos piensan en todo. La mayoría se convence de que todo está bien. La mayoría cree –absolutamente- que gracias a los cursos de capacitación, a los exámenes, a las visitas de inspección, esto es ya mucho mejor. Otros son más superficiales. Piensan que esto es mejor, porque nos pagan bien.
Pero pocos oyen lo que la gente de afuera dice, porque las voces que se escuchan allá, son diferentes, son de reclamo, de reproche, de crítica a una justicia que parece absurda, lenta, sorda, muda. Ineficiente.
Y esa voz es preferible no escucharla, porque a la gente de adentro no le gusta la crítica. Menos aún, si la crítica sale de adentro. Aquí la gente se establece en un área de confort. Se conforma con saber que estamos mejor que los ministerios públicos, que los juzgados de fuero común, que los tribunales administrativos, aunque para la sociedad, no hay distinción y todos estamos igual de males. Todos somos culpables de la inseguridad, de la injusticia, de la impunidad, pero lo que la sociedad diga no importa, porque está mal informada.
Por eso no escribo más en este blog. Porque a la gente de adentro, la crítica y la reflexión no le interesa. Porque la gente de adentro piensa que está todo bien, y por eso ya nada mejora. Y nada cambia. Y está bien. Finalmente los que piensan así, son mayoría.
Todo seguirá igual, pero sólo por ahora. Porque un día, un buen día, los niños terribles serán más. Ese día, todo cambiará.
En fin.
Simplemente porque a pocos les interesa.
Uno, aquí adentro, escucha de todo. Gente que quiere ser juez, sólo siguiendo la forma. Jóvenes meritorios que aspiran a ser escribientes y que llegan a las diez y se van a las trece. Actuarios que no quieren ser más que eso. Jueces y magistrados hechos a la costumbre de juzgar. Hombres y mujeres cansados y disminuidos por su trabajo.
Aquí uno ve de todo. Gente que asiente pasivamente cualquier situación nefasta. Gente que tiene sueños y aspiraciones de grandeza, a los que renuncia, y que posterga, porque aquí, la hora de trabajo se marca puntualmente sólo en el reloj y es sólo el trabajo lo que cuenta.
Aquí pocos piensan en todo. La mayoría se convence de que todo está bien. La mayoría cree –absolutamente- que gracias a los cursos de capacitación, a los exámenes, a las visitas de inspección, esto es ya mucho mejor. Otros son más superficiales. Piensan que esto es mejor, porque nos pagan bien.
Pero pocos oyen lo que la gente de afuera dice, porque las voces que se escuchan allá, son diferentes, son de reclamo, de reproche, de crítica a una justicia que parece absurda, lenta, sorda, muda. Ineficiente.
Y esa voz es preferible no escucharla, porque a la gente de adentro no le gusta la crítica. Menos aún, si la crítica sale de adentro. Aquí la gente se establece en un área de confort. Se conforma con saber que estamos mejor que los ministerios públicos, que los juzgados de fuero común, que los tribunales administrativos, aunque para la sociedad, no hay distinción y todos estamos igual de males. Todos somos culpables de la inseguridad, de la injusticia, de la impunidad, pero lo que la sociedad diga no importa, porque está mal informada.
Por eso no escribo más en este blog. Porque a la gente de adentro, la crítica y la reflexión no le interesa. Porque la gente de adentro piensa que está todo bien, y por eso ya nada mejora. Y nada cambia. Y está bien. Finalmente los que piensan así, son mayoría.
Todo seguirá igual, pero sólo por ahora. Porque un día, un buen día, los niños terribles serán más. Ese día, todo cambiará.
En fin.
Aquí les dejo esto, una verdadera reflexión:
"En la caverna los hombres estaban en tinieblas. Todos se habían acostumbrado ya a la oscuridad. Todos, menos uno. Ese hombre recordaba la luz, aquella luz que todos tenían olvidada, y anhelaba volver a verla alguna vez.
Un día, en medio de las sombras, buscó dos piedras y un haz de yerba seca. Después de mucho afanarse consiguió por fin encender un fuego pequeñito. A la luz vacilante de las llamas los hombres pudieron verse, y pudieron mirar la caverna en que se hallaban.
La fealdad de aquel lugar los asustó, y apagaron el fuego que el hombre había encendido. Todo volvió a quedar a oscuras.
Pero el hombre del fuego no ha olvidado el perdido resplandor. Lo lleva en su recuerdo, y con él sueña cuando duerme. Alguna vez volverá a encender su luz, aunque todos quieran vivir en la tiniebla."
Armando Fuentes Aguirre. “Catón”.


